Que se oculta tras la tragedia de Haiti!

El ninguneo hatiano no es algo nuevo

Posted by: Berenice Heredia | 7 Febrero 2010 |

Por Eduardo Galeano
Haití: la maldición blanca
31-01-2010 /

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud. Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití.

Desde hace dos siglos sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo, y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo. Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló. La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:

–¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?

–El anterior.

–Pues, que se restablezca.

Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21.700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final.

Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos. A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años.

Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.

No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.  La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional. En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro.


Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente. Eduardo Galeano

Los enlaces son de mi busqueda y no confío del todo en ellos.

Y COMO SIEMPRE NO SE CREAN NADA DE LO QUE SE DICE, AVERIGUEN, BUSQUEN, INVESTIGUEN!!!!!!! Pincha sobre el link!

El origen de los Piratas Somalíes: Nos mienten sobre la Situación Real !!!

Somalia: Nos mienten sobre los piratas

Johann Hari
Global Research
Traducido para Rebelión por Christine Lewis Carroll
18/04/09

sompir

¿Quién podría imaginar que en 2009, los gobiernos del mundo declararían una nueva guerra a los Piratas? Mientras está leyendo esto, la Marina británica – apoyada por los buques de más de dos docenas de naciones, desde los Estados Unidos hasta China – se está internando en aguas de Somalia para perseguir a hombres que todavía vemos como villanos de circo con un loro en el hombro. Pronto estarán luchando contra buques somalíes y hasta persiguiendo a los piratas en tierras de Somalia, uno de los países más rotos de la tierra. Pero detrás de la extravagancia de este cuento, hay un escándalo por contar. La gente que nuestros gobiernos etiquetan como “una de las grandes amenazas de nuestros tiempos” tiene una historia extraordinaria que contar – y algo de justicia de su parte.

https://i0.wp.com/4.bp.blogspot.com/_DkArdqE8-Xc/SdrarmnlMKI/AAAAAAAAAIg/bN-R9m0gxRU/s400/piratas.gifLos piratas nunca han sido exactamente lo que creemos que son. En la “edad dorada de la piratería” – desde 1650 hasta 1730 – la idea del pirata como el ladrón salvaje e insensato que perdura hasta nuestros días fue creada por el gobierno británico en un gran esfuerzo propagandístico. Mucha gente corriente creyó que esto era falso: con frecuencia la muchedumbre les rescataba de la horca. ¿Por qué? ¿Qué vieron entonces que nosotros no vemos ahora? En su libro Villains of all nations (Villanos de todas las naciones), el historiador Marcus Rediker escudriña las pruebas para averiguarlo. Entonces, si te alistabas en la Marina Mercante o en la Marina británica – reclutado en los muelles de Londres, joven y hambriento – terminabas en un infierno flotante de madera. Trabajas a todas horas en un buque angosto y medio muerto de hambre, y si remoloneabas algo, el todo poderoso capitán te azotaba. Si remoloneabas constantemente, te podrían tirar por la borda. Y después de meses o años soportando esto, a veces te timaban en la paga.

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Los piratas fueron los primeros en rebelarse contra este mundo. Se amotinaron contra sus capitanes tiránicos – y crearon un modo distinto de trabajar en la mar. Una vez tomado un buque, los piratas elegían a su capitán, y tomaban todas sus decisiones colectivamente. Compartían el botín, lo que describe Rediker como “uno de los planes más igualitarios del siglo dieciocho para aprovechar los recursos disponibles”. Hasta acogían a esclavos africanos y convivían con ellos como iguales. Los piratas demostraron “de forma bastante clara y subversiva – que no hacía falta llevar el buque en la manera opresiva y brutal que lo hacían la Marina Mercante y la Marina británica”. Es por esto que eran populares, a pesar de ser ladrones improductivos.

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Las palabras de un pirata de esa edad perdida – un joven británico llamado William Scott – deberían tener eco en esta nueva edad de piratería. Justo antes de que lo ahorcaran en Charleston, Carolina del Sur, dijo: “Lo que hice fue para no perecer. Fui obligado a hacerme pirata para sobrevivir”. En 1991, cayó el gobierno de Somalia, situado en el Cuerno de África. Sus nueve millones de habitantes han estado al borde de morirse de hambre desde entonces – y muchas de las fuerzas más feas del mundo occidental han visto esto como una estupenda oportunidad para robar las provisiones de comida del país y verter nuestros residuos nucleares en sus mares.

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Sí: residuos nucleares. En cuanto desapareció el gobierno, llegaban misteriosamente buques europeos a la costa de Somalia, vertiendo enormes barriles en el océano. La población de la costa empezaba a enfermar. Al principio, padecieron extrañas erupciones, nausea, y nacieron niños malformados. Entonces, después del tsunami de 2005, cientos de estos barriles vertidos y con fugas terminaron en la orilla. La gente empezó a enfermar de la radiación, y más de 300 personas murieron. Ahmedou Ould-Abdallah, el enviado de Naciones Unidas a Somalia, declara: “Alguien está vertiendo material nuclear aquí. También hay plomo, y materiales pesados, tales como cadmio y mercurio – o sea, de todo.” Se puede seguir su rastro hasta los hospitales y las fábricas europeos, y se entrega a la mafia italiana para que ésta se deshaga de ello de la manera menos costosa. Cuando pregunté a Ould-Abdallah qué hacían los gobiernos italianos para combatir esto, dijo con un suspiro: “Nada. Ni se ha limpiado, ni ha habido compensación ni prevención.”

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Al mismo tiempo, otros buques europeos han estado saqueando los mares de Somalia de su mayor recurso: el marisco. Hemos destruido nuestras propias existencias de pesca por sobreexplotación – y ahora queremos las suyas. Enormes palangreros roban cada año más de 300 millones de dólares en atún, gambas, langosta, etc. al internarse ilegalmente en los mares no protegidos de Somalia. Los pescadores locales han perdido de buenas a primeras su sustento, y se están muriendo de hambre. Mohammed Hussein, un pescador de la ciudad de Marka, a 100 kilómetros de Mogadishu, declaró a Reuters: “Si no se hace nada, pronto no quedará pesca en las aguas de nuestra costa”.

http://www.greenpeace.org/raw/image_full/international/photosvideos/photos/the-fishing-boat-santa-cristin

Éste es el contexto en el que han surgido los hombres que nosotros llamamos “piratas”. Todo el mundo está de acuerdo en que eran pescadores corrientes somalíes que primero intentaron disuadir con lanchas veloces a los que vertían residuos desde los palangreros o por lo menos cobrarles un tributo. Se llaman a si mismos los Guardacostas Voluntarios de Somalia – y no es difícil entender por qué. En el transcurso de una entrevista telefónica surrealista, uno de los dirigentes piratas, Sugule Ali, dijo que su propósito era “parar la pesca ilegal y vertidos en nuestras aguas… No nos consideramos bandidos de los mares. Los bandidos son aquellos que pescan, vierten residuos y llevan armas en nuestros mares.” William Scott habría entendido estas palabras.

No, esto no justifica la toma de rehenes, y sí, algunos son evidentemente gángsteres – especialmente aquellos que han retenido los suministros del Programa Mundial de Alimentos. Pero los “piratas” tienen el apoyo abrumador de la población local por algo. El sitio web de noticias independiente somalí WardherNews encuestó a la población local sobre su opinión del tema – un 70 por ciento “apoyó la piratería como forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país”. Durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, George Washington y los padres fundadores pagaron a piratas para proteger las aguas territoriales de su país porque no tenían marina ni guardacostas propios. La mayoría de los estadounidenses los apoyaron. ¿Es esto tan diferente?

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¿Esperábamos que los somalíes hambrientos nos mirasen pasivamente desde sus playas o mares en medio de nuestros residuos nucleares mientras robábamos sus peces para comerlos en los restaurantes de Londres, París y Roma? No actuamos cuando se cometían estos crímenes – pero cuando algunos pescadores respondieron interrumpiendo el pasillo de tránsito del 20 por ciento del suministro de petróleo mundial, empezamos a gritar sobre la “maldad”. Si de verdad queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos erradicar su causa – nuestros crímenes – antes de mandar los cañoneros para erradicar a los criminales somalíes.

https://i1.wp.com/www.aporrea.org/imagenes/2008/11/316_1218160973_tanquero_3.jpg

La guerra contra la piratería, también ésta de 2009, fue resumida por otro pirata que vivió y murió en el cuarto siglo antes de Cristo. Se le capturó y llevó ante Alejandro Magno, que quiso saber “qué quería decir con guardar el mar”. El pirata sonrió y respondió: “Lo que quiere decir Vd. con apoderarse de toda la tierra; pero como yo lo hago con un barco insignificante, soy un ladrón, mientras que a Vd., que lo hace con una gran flota, lo llaman emperador.” Una vez más, nuestras grandes flotas imperiales navegan hoy – ¿pero quién es el ladrón?

mejor-pirata

QUIEN SERA EL MEJOR PIRATA?

Es la Tierra un Planeta Escoria. NO! Asi que hagamos el cambio!

Maribelz me enviado lo siguiente que deseo compartir con Ustedes:

Los aires de revolución se sienten…. la brisa solo acaba de pasar por latinoamerica… despertando a la sociedad somnolienta.

Se le cae el velo al capitalismo…
los pueblos despiertan..

De apoco nos vamos uniendo…
nos fortalecemos entre nosotros…

ESTA EN NOSOTROS…

NO SEGUIR PERMITIENDO

QUE NOS MANIPULEN..

MOSTRAR QUE SOMOS

EL VERDADERO PODER..

skape

Planeta escoria (Lírica)
vas a conocer
a esta tierna humanidad
es un juego cruel
de un sistema trivial
el horror, el placer
la miseria, el poder
el rencor, el amor
MIRA A TU ALREDEDOR !!!!
pueblos enteros condenados al ambre
niños obligados a la prostitucion
las guerras continuan deborando inosentes
tendras que convivir con la desesperacion

vas a conocer
nuestra civilicacion
la presuncion de igualdad
con aires de libertad
ipocresia moral
pronto del beinestar
que bonito es vivir
SI HAZ NACIDO ASI !!!!

fabricas de almas que abastecen su muerte
la droga es la mejor estanfdo en la proibicion
banderas que se unen en contra al presidente
el sufrimiento hermano les importa un cojon!!!

estas en el planeta escoria… beinbenido al planeta escoria

ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio

que suerte hay que tener al nacer
que suerte hay que tener al nacer que suerte hay que tener al nacer
QUE SUERTE HAY QUE TENER AL NACER

Y A LLEGADO EL DIA DE BOLAR LAS FRONTERAS
AKI ESTAIS ESPERANDO PARA LA INSURRECCION
LA SANGRE DE TUS HIJOS LLENAN NUESTRAS NEVERAS
QUIEN ES EL CULPABLE DE NUESTRA UNDICION

etas en el planeta escoria
BIENVENIDO AL PALNETA ESCORIA !!!

ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio

ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio
ay, ay, ay, ay,… geenocidio

acabe con la especulacion
dispara contra tu umillacion

acabe con la especulacion
dispara contra tu umillacion

Diferentes Escenarios de la Crisis Económica que se nos viene encima y como prepararse para enfrentarlos. Todo depende de Ti.

No es que trate de ser un ave de mal agüero. Lo Unico que quiero es poder ayudar a cuantos quieran dejarse ayudar. Por eso he posteado este articulo con la esperanza de poder ayudar a mucha gente que no sabe como enfrentar esta maldita crisis economica, creada por los sionistas judios en poder de las finanzas del mundo. SON ELLOS LOS CULPABLES DE TODO LO QUE ESTAMOS PASANDO ACTUALEMENTE EN EL MUNDO ENTERO. Y estos Hp´s se dicen ser hijos de Dios? No lo niego que sean hijos de dios, pero de cual de todos? Por lo menos no del Verdadero Dios.

Si no me creen, lean por ustedes, piensen y reflexionen !

No se dejen engañar por la reciente subida de la bolsa. Es pura distraccion. Lo unico que los ricos quieren es que inviertas tu dinero en la bolsa (Su bolsa, no la tuya) , para ellos recuperar sus TRILLONARIAS perdidas. Mira lo que ha sucedido desde pricipios de año 2009

dj

Crisis Economica: lo peor está por venir

Nouriel Roubini, Stephen Roach, David Smick, Robert Shiller y Dean Baker
DDOOSS / Rebelión
01/03/09

Cinco economistas a cuyas proféticas advertencias no se prestó atención echan un vistazo a la próxima fase de la crisis mundial. He aquí lo que nos dicen:

• Aviso: se avecinan tiempos sombríos. Nouriel Roubini

• Una conmoción letal. Stephen Roach

• Buena suerte, Barack. David Smick

• ¿Falta mucho? Robert Shiller

• Hay que vigilar el dólar. Dean Bake

Aviso: Se avecinan tiempos sombrios

Por Nouriel Roubini

Las peores previsiones del año pasado se han hecho realidad. La pandemia financiera mundial de la que algunos habíamos avisado ya está aquí. Pero nos encontramos todavía en las primeras fases de esta crisis. Mis predicciones para el año que empieza, por desgracia, son todavía más pesimistas: las burbujas, y había muchas, no han hecho más que empezar a estallar.

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La idea más extendida es que los precios de muchos activos financieros de riesgo han caído tanto que hemos tocado fondo. Aunque es verdad que han descendido enormemente respecto a sus máximos de finales de 2007, es probable que todavía lo sigan haciendo aún más. En los próximos meses, las noticias macroeconómicas en Estados Unidos y en todo el mundo serán mucho peores de lo que espera la mayoría. Los informes sobre las ganancias de las empresas asombrarán a cualquier analista de valores que aún pueda creerse que la contracción económica va a ser suave y breve.

Los mercados financieros siguen teniendo varios puntos vulnerables: una crisis crediticia que empeorará antes de empezar a mejorar; un desapalancamiento que seguirá adelante a medida que los fondos alternativos y otros actores con fondos ajenos se vean obligados a vender sus activos en mercados no líquidos y sin tensión, lo cual producirá caídas en cascada de los precios de los activos, exigencias de márgenes y más desapalancamiento; la quiebra de otras instituciones financieras; la entrada en una crisis financiera plena para algunas economías de mercado emergentes, y el peligro, para otras, de impago de su deuda soberana.

Desde luego, Estados Unidos va a experimentar su peor recesión en décadas. La idea tradicional de que la contracción estadounidense iba a ser breve y superficial –una recesión en V con una recuperación rápida, como las de 1990-1991 y 2001– está ya descartada. Por el contrario, la contracción en EE UU será en U: larga, profunda y de unos 24 meses de duración. Podría acabar incluso siendo más prolongada, un estancamiento de varios años en L, como el que sufrió Japón en los 90.

A medida que la economía estadounidense se contraiga, toda la economía mundial entrará en recesión. En Europa, Canadá, Japón y las demás economías avanzadas, será grave. Y las economías de mercado emergentes –vinculadas al mundo desarrollado por el comercio de bienes, finanzas y divisas– tampoco se escaparán.

Exactamente qué constituirá una recesión dependerá de cada país. Para China, una caída brusca sería que el crecimiento anual pasara del 12% al 6%. Pekín debe crecer a un 10% anual o más para llevar a entre 12 y 15 millones de agricultores pobres al mundo moderno. Para otros mercados emergentes, como Brasil o Corea del Sur, la caída brusca es un crecimiento por debajo del 3%. Los países más vulnerables, como Ecuador, Hungría, Letonia, Pakistán y Ucrania, quizá vivan una crisis financiera total y necesiten un gran volumen de financiación externa para evitar el colapso.

En los países más ricos, podría producirse una combinación debilitadora de estancamiento económico y deflación, a medida que los mercados de bienes se contraigan cuando la demanda acumulada disminuya. Dado el enorme crecimiento que ha tenido la capacidad productiva debido al exceso de inversiones en China y en otros mercados emergentes, esta caída de la demanda seguramente generaría una inflación más baja. Mientras tanto, las pérdidas de empleo se acumularían y las tasas de paro aumentarían, con la consiguiente presión a la baja sobre los salarios. Unos mercados de materias primas debilitados –en los que los precios ya han caído mucho desde su máximo del verano, y caerán todavía más en medio de una recesión mundial– producirían una inflación todavía más baja. En la primera parte de 2009, la inflación en las economías avanzadas podría caer hasta el 1%, más o menos, demasiado próximo a la deflación.

Esta situación es peligrosa por muchos motivos. Varios bancos centrales se aproximarán tanto a fijar tipos de interés cero que sus economías sufrirán un triple revés: una trampa de liquidez, una trampa de deflación y una deflación de la deuda. En una trampa de liquidez, los bancos pierden su capacidad de estimular la economía porque no pueden fijar tipos de interés nominales por debajo de cero. En una trampa de deflación, la caída de los precios hace que los tipos de interés reales sean relativamente altos, lo cual asfixia el consumo y la inversión. Eso desemboca en un círculo vicioso en el que las rentas y el empleo caen y la demanda cae todavía más. Por último, con la deflación de la deuda, el valor real de las deudas nominales sube a medida que caen los precios, y eso es malo para países como Estados Unidos y Japón, que tienen ratios elevadas entre deuda y PIB.

A medida que las herramientas monetarias ortodoxas pierdan eficacia, las autoridades tendrán que buscar métodos heterodoxos. Veremos políticas fiscales tradicionales, en forma de recortes de impuestos y aumentos del gasto, pero también veremos operaciones mundiales de rescate de acreedores, de inversores y de instituciones financieras, así como de los prestatarios. Los bancos centrales inyectarán enormes cantidades de dinero en los sistemas financieros para desbloquear la crisis de liquidez. Quizá sean también necesarias acciones más radicales, como compras de bonos corporativos y oficiales o la subvención de los tipos de interés, para que los mercados crediticios vuelvan a funcionar como es debido.

Esta crisis no es sólo resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense o de la caída del sector de las hipotecas basura en Estados Unidos. Los excesos crediticios que causaron este desastre eran mundiales. Había varias burbujas, que en muchos países iban más allá de la vivienda y se extendían a las hipotecas y a los préstamos sobre propiedades inmobiliarias de uso comercial, tarjetas de crédito, préstamos para la compra de coches y préstamos a estudiantes. Había burbujas para los productos convertidos en valores, que transformaron esos préstamos e hipotecas en instrumentos financieros complejos, tóxicos y destructivos. Y había burbujas, también, en los préstamos oficiales locales, compras con capital ajeno, fondos alternativos, préstamos comerciales e industriales, bonos corporativos, materias primas y permutas de riesgo de crédito; un peligroso mercado sin regular en el que se vendieron hasta sesenta billones de dólares (unos 60.000 millones de euros) de protección nominal contra una reserva pendiente de bonos corporativos de sólo 6 billones de dólares.

Estas burbujas formaron, en total, la mayor burbuja crediticia y de activos de la historia; con su estallido, las pérdidas totales de crédito podrían ser de hasta dos billones de dólares. Si los gobiernos no toman medidas más rápidas para recapitalizar los bancos y otras instituciones financieras, la crisis del crédito se agravará aún más. Las pérdidas aumentarán a mayor velocidad de lo que tardarán las compañías en reponer sus balances.

Gracias a las drásticas acciones del G-7 y otros, el riesgo de una crisis financiera estructural ha disminuido. Pero, por desgracia, lo peor no ha pasado todavía. Este año será difícil. Sólo una actuación muy agresiva, coordinada y eficaz por parte de las autoridades, garantizará que 2010 no sea aún peor de lo que seguramente va a ser 2009.

Una conmoción letal

Por Stephen Roach

Antes de que pase este año, todas las regiones del mundo sufrirán los efectos de la recesión. En mi opinión, 2009 pasará a la historia como el año de la primera recesión verdaderamente mundial de la economía moderna. Es cierto que empezó en Estados Unidos en el verano de 2007, con la llamada “crisis de las hipotecas basura ”. Pero había modelos de crecimiento basados en burbujas en un número asombrosamente grande de países, y todas ellas han estallado.

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En Estados Unidos, el crecimiento basado en los activos se centraba en dos áreas de la economía: la actividad constructora y el consumo personal. Hoy, ambos sectores, que en su mejor momento representaban casi el 80% del PIB estadounidense, sufren una debilidad sostenida.

Eso hace que las economías asiáticas, que dependen de las exportaciones, entren en la ecuación. En efecto, crecieron gracias a burbujas de exportación que, a su vez, dependían de la burbuja de consumo de Estados Unidos. Asia también contó con la ayuda de unas divisas claramente infravaloradas. Y, para mantener sus divisas baratas, países como China tuvieron que reciclar enormes cantidades de reservas extranjeras en activos basados en el dólar, lo cual contribuyó a suprimir los tipos de interés estadounidenses y sostener precisamente las burbujas de crédito y de activos que alimentaban la economía estadounidense de las burbujas. Era un círculo virtuoso que ahora se ha roto. Y, como las economías asiáticas no cuentan con un consumo particular interno que les sirva de apoyo sólido, los riesgos para el crecimiento de la región han empezado a aumentar.

Lo mismo sucederá, probablemente, con las regiones productoras de materias primas; no sólo Oriente Medio, que depende del petróleo, sino las economías basadas en los recursos de Australia, Canadá, Brasil, Rusia y África. A medida que el crecimiento mundial disminuya, también lo hará la demanda de materias primas sensibles a la economía, con la consiguiente corrección de los precios, distorsionados por las burbujas, y de los índices de crecimiento de los principales productores.

Una segunda megafuerza en activo es la globalización, los vínculos transfronterizos que, durante el último decenio, han adoptado cada vez más la forma de flujos comerciales, de capital, de información y de mano de obra. La propia crisis crediticia consiste esencialmente en un fuerte contagio entre productos, un virus que apareció con las hipotecas basura , pero que se extendió con rapidez al papel comercial respaldado por activos, los valores respaldados por hipotecas y a precios de subasta y otros instrumentos en todos los mercados de crédito. Sin embargo, como los ingenieros financieros eran tan aficionados a repartir los complejos productos que creaban, esta situación económica tiene también una dimensión transfronteriza que resulta letal. No es de extrañar que ésta sea la peor crisis financiera en 75 años.

Impulsada por la confluencia de las conmociones tras el estallido de las burbujas y la fuerza creciente de los vínculos mundiales, esta recesión será probablemente la peor de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. Eso quiere decir que tal vez sea más grave que las de mediados de los 70 y principios de los 80. Entonces fueron las agresivas medidas de los bancos centrales contra la inflación las que provocaron unas recesiones profundas. Esta vez, todo ha sido obra de la implosión de unos desequilibrios mundiales basados en burbujas.

Pero no debemos contar con una vigorosa recuperación (en V) de la recesión mundial pos-burbuja de 2009. Sin grandes probabilidades de que aparezca otro consumidor importante para llenar el hueco dejado por Estados Unidos, el mundo, desigual y distorsionado por las burbujas, experimentará una recuperación anémica en el mejor de los casos. Pasará mucho tiempo antes de que el crecimiento mundial vuelva al ritmo de casi el 5% que tuvo en los cuatro años y medio que culminaron a mediados de 2007. Las conmociones de este tipo son mortales para cualquier economía en particular, y mucho más para el mundo en su conjunto.

Buena suerte, Barak

Por David Smick

Barack Obama ha llegado a la Casa Blanca con un programa ambicioso. Pero, con la economía mundial en medio de un brutal desapalancamiento financiero –en el que prácticamente todos los activos del mundo están viendo disminuir su valor–, a él y a sus homólogos internacionales les esperan enormes sufrimientos.

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Empecemos por la política interna de Estados Unidos. El primer déficit presupuestario de Obama podría muy bien ser superior a 1,5 billones de dólares. Varios paquetes de rescate y planes de estímulos fiscales aumentarán el gasto, y la contracción económica hará que los ingresos fiscales disminuyan. Los gobiernos de los Estados están ya haciendo cola para pedir ayudas federales. Los fondos privados de pensiones serán los próximos. La Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC), que está ocupándose del lío de las hipotecas, necesitará una saludable inyección de capital del tío Sam. Y eso, antes de sumar las promesas de Obama sobre gastos y recortes fiscales.

La factura de toda esta deuda llegará seguramente antes de 2012. Los tipos de interés de las hipotecas se apresuraron a subir cuando el Tesoro estadounidense presentó su plan de rescate, y los pasivos de la balanza de pagos de la Reserva Federal han aumentado un 100%. Los mercados financieros prevén que, de aquí a tres o cuatro años, los bancos centrales de todo el mundo, tras un periodo de desinflación, se verán obligados a afrontar este incremento masivo de la deuda. Obama tal vez tendrá que enfrentarse a una pesadilla bancaria con reminiscencias de la que sacudió a Japón en los 90. Hoy, los bancos estado?unidenses están llenos de capital (400.000 millones de dólares suplementarios, según las últimas cuentas, en gran parte proporcionados por los contribuyentes), pero no conceden préstamos. Es un problema como el del huevo y la gallina. Los bancos no prestan dinero debido al debilitamiento de la economía estadounidense. La economía se debilita porque los bancos no prestan. Aparte de nacionalizarlos, hay poco que Obama pueda hacer para obligarles.

En el resto del mundo, el breve periodo de alegría por el mal ajeno ante los problemas económicos de Washington se ha terminado. Resulta que Europa estaba seis veces más expuesta a la deuda comercial de riesgo de los mercados emergentes que a las hipotecas basura estadounidenses. En algunas economías, entre ellas la de Gran Bretaña, el peligro en el que han incurrido los bancos deja pequeño el PIB nacional.

¿Por qué eso es un problema inmenso? Porque las economías en vías de desarrollo se han permitido depender peligrosamente de las exportaciones, al tiempo que vinculaban sus divisas al dólar estadounidense y acumulaban montañas de excedentes de ahorro. Ese modelo de crecimiento está viniéndose abajo a toda velocidad, a medida que cae la demanda mundial. Pero, si se desmoronan muchos de esos mercados emergentes, el FMI carecerá de los recursos necesarios para organizar operaciones de rescate. Para poner las cosas en perspectiva, los bancos austriacos tienen un contacto financiero con los mercados emergentes que supera los 290.000 millones de dólares. El PIB de Austria asciende a 370.000 millones. El único motivo para el optimismo es que al mundo no le falta capital. Simplemente, está a la espera, incluidos seis billones de dólares sólo en fondos del mercado de dinero mundial.

Cuanto antes puedan Obama y sus homólogos elaborar unas reformas financieras creíbles que incrementen la transparencia al tiempo que protegen los flujos comerciales y de capital, antes volverá a circular el capital apartado. Al final, los mercados desean certezas; en este caso, la certeza de que nuestros líderes tengan un plan de acción en el que se pueda confiar. Ese plan no existe todavía.

¿Falta mucho?

Por Robert Shiller

Las burbujas especulativas, al final, son cuestión de psicología. La gente se crea expectativas extravagantes sobre la riqueza que van a producir sus inversiones y olvida las valiosas lecciones de otras crisis financieras del pasado; entonces surge una burbuja peligrosa.

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Pero la psicología de la caída puede ser igual de peligrosa. A medida que los precios de los activos bajan, los mercados pueden pasarse. Algunos indicadores muestran que ya estamos aproximándonos a los niveles de precios anteriores a la burbuja. La ratio entre precios y ganancias en la Bolsa estadounidense está más o menos en su promedio histórico. Los precios de la vivienda ya están seguramente a mitad de camino en su regreso al nivel de finales de los 90, cuando comenzó la burbuja. En algunas ciudades de EE UU han vuelto ya casi por completo a ese nivel.

Ahora bien, nadie puede decir cuándo tocará fondo el mercado exactamente. En cierto sentido, el proceso es una profecía autocumplida. La euforia se acaba y las expectativas negativas hacen que los precios de los activos se derrumben, lo cual, a su vez, parece justificar ese pesimismo. Dadas las malas perspectivas de la economía para el año que ha empezado, es posible que los precios de la vivienda sigan cayendo hasta bien entrado 2010, como sugieren los mercados de futuros de Chicago.

La historia nos dice que existe algún precedente de mercado de la vivienda débil durante un periodo prolongado. Tras el último auge de la vivienda en Estados Unidos, que alcanzó su máximo en 1989, las ciudades tardaron cinco años en tocar fondo. En esta ocasión, los precios están bajando sólo desde hace dos años. Quizá deberíamos mirar con cautela lo que ocurrió en Japón, donde los precios de las propiedades urbanas cayeron durante 15 años consecutivos, entre 1991 y 2006.

Cuando el mercado toque fondo, tal vez sea en una caída suave, no un batacazo. En general, no hay puntos de inflexión muy marcados. Los precios de la vivienda quizá se mantengan iguales durante unos cuantos años antes de empezar a subir de nuevo. Mientras tanto, será difícil identificar los hitos con mucha claridad hasta que los hayamos dejado ya atrás.

Hasta ahora, las medidas que hemos tomado para resolver esta crisis han prescindido de los principios racionales de las finanzas. Hemos iniciado una dieta drástica –contradiciendo los contratos de hipotecas caso por caso y dando mucho dinero– cuando deberíamos haber ideado un régimen de comidas que nos permita vivir de manera indefinida. En vez de poner los parches a corto plazo que parezcan necesarios, deberíamos adoptar una estrategia más estructural, basada en el mercado, como estipular que los valores de las hipotecas siempre estén vinculados a los precios de la vivienda y se ajusten cada mes.

Los excesos especulativos son un problema endémico del sistema de mercado, pero el capitalismo también proporciona sus propios mecanismos correctores. No hay motivos para abandonar ahora esos instrumentos.

Hay que vigilar el dolar

Por Dean Baker

La burbuja inmobiliaria fue la primera que estalló, pero no será la última en esta recesión mundial. Hoy deberíamos estar prestando más atención al inminente estallido de la burbuja del dólar.

La moneda estadounidense está seriamente sobrevalorada desde finales de los 90, y eso ha causado un enorme déficit comercial, que alcanzó su máximo con casi el 6% del PIB nacional en 2006 (900.000 millones de dólares en la economía de hoy). Eso es insostenible. Al final, obligará al dólar a caer a un nivel en el que la balanza comercial esté prácticamente equilibrada.

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Ese proceso ya estaba en marcha. Pero la crisis ha hecho que los inversores acudan al dólar en busca de seguridad, y eso ha provocado que éste suba frente a la mayoría de las demás divisas. Su ascenso y las recesiones en la mayor parte del mundo harán que el déficit comercial vuelva a incrementarse.

Sin embargo, una vez que la situación financiera empiece a recobrar la normalidad (lo que tal vez no ocurra en 2009), los inversores estarán a disgusto con el escasísimo rendimiento de los activos en dólares. Su éxodo hará que el dólar reanude la caída que había iniciado en 2002, pero esta vez su caída podría ser mucho más rápida. Otros países, sobre todo China, dependerán mucho menos del mercado estadounidense para sus exportaciones y estarán menos interesados en sostener el dólar.

Para los estadounidenses, el efecto de una caída pronunciada del dólar consistirá en unos precios a la importación mucho más elevados y un nivel de vida más bajo. Si la Reserva Federal se preocupa por la inflación provocada por la subida de los precios de los artículos importados, quizá eleve los tipos de interés, y eso sería un nuevo golpe para la economía. En cuanto a 2009, la continuación del derrumbe de la burbuja inmobiliaria, la caída de la burbuja de la propiedad inmobiliaria para uso comercial que se avecina y la consiguiente oleada de deudas impagadas serán importantes obstáculos para la economía estadounidense, aunque el dólar no se desmorone hasta más tarde.

En realidad, las hipotecas basura no fueron más que el detonante de una crisis mucho más amplia. La caída de los precios de la vivienda ha provocado también unos índices sin precedentes de impagados en los préstamos preferentes, y todavía está por llegar la mayor parte de las consecuencias. También veremos más impagos en préstamos para la compra de coches, tarjetas de crédito y otras formas de deuda de consumo, porque los propietarios de viviendas ya no pueden utilizarlas como aval para pagar otras deudas.

A la propiedad inmobiliaria de uso comercial también le llegará su día. Cuando el mercado de la vivienda empezó a decaer, a finales de 2005, empezó a aumentar la construcción no residencial. En menos de tres años, este sector creció más del 40%. Ahora hay un exceso considerable de espacio para tiendas, oficinas, hoteles y otros usos no residenciales, y eso ha provocado la caída de los precios, la disminución de la construcción y otra fuente importante de deudas impagadas para los bancos.

En resumen, tengan cuidado con las palabras optimistas de los que dicen que “ya estamos pasando lo peor”, ignoren los altibajos diarios del mercado y apriétense los cinturones. Vamos a pasarlo mal.

Líderes politicos intentan parar la quiebra dinaciera. El pánico cunde alrededor del mundo esperando la apertura de WALL STREET

Los lideres políticos mundiales parecen no darse cuenta que la Humanidad ya perdió la confianza en ellos, y quieren detener el pánico financiero. Esto con el fin que los ahorrantes no saquen su dinero de los bancos. Es decir perdamos nuestros ahorros por los que nos han dejado ahorrar la miseria que tenemos en el banco. MISERIA para ELLOS pero no para nosotros una vida de sudor, esfuerzo y para otros también de dolor, sufrimientos y humillaciones.

Analicen el siguiente articulo y verán por que lo digo:

El Sur exige al Norte resolver la crisis financiera mundial

Washington y Buenos Aires. Diario Página/12, Argentina. | octubre 12, 2008

Los países en desarrollo que forman parte del G-20, en el que también participa Argentina, exigieron a las principales potencias del mundo que más allá de anunciar un plan conjunto y hablar de coordinación, “es hora de pasar a la acción”. Eso requiere dejar de lado la retórica y comenzar a instrumentar las medidas anunciadas conjuntamente por el G-7.

Puntualmente, los países en desarrollo solicitaron al presidente George Bush, quien participó también del encuentro del G-20 junto a Ben Bernanke y Henry Paulson, que es prioritario empezar a dar liquidez, comprar las acciones de los bancos en riesgo y garantizar a los inversores minoristas que no perderán sus depósitos. Durante toda la reunión sobrevoló la idea de que en el futuro será necesario un nuevo sistema financiero global.

“Estamos viviendo un punto de inflexión”, señalaron varios ministros a la salida del encuentro. Más allá de estos señalamientos y de las necesidades de un cambio a futuro, los ministros de Economía de todo el mundo que integran el Comité Monetario y Financiero Internacional dieron su apoyo “enérgico” al plan de salvataje anunciado por el G-7 y Estados Unidos, con el objetivo de calmar la ansiedad de los inversores. Más allá de estas declaraciones, lo que sobrevoló durante todo el encuentro es que en el mediano plazo será necesario estructurar un nuevo sistema financiero internacional.

El G-7 hizo ayer un acto de humildad al reconocer ante los delegados de los países que forman parte del G-20 que ellos “fueron los que comenzaron esta crisis”. Incluso el propio Dominique Strauss-Kahn, titular del FMI, reconoció el fracaso por parte de los países industrializados en la regulación del sistema financiero. Frente a esos mea culpa que sobrevuelan en todas las declaraciones pronunciadas por los funcionarios del Fondo, los países en desarrollo que integran el G-20 comenzaron a preguntarse y a exigir una respuesta más concreta. Países como Argentina, Perú y Chile le plantearon al titular del Tesoro, Henry Paulson –durante una reunión que mantuvieron ayer antes del encuentro del G-20–, que sus economías, si bien están más sólidas para enfrentar el vendaval financiero, también requieren de las acciones coordinadas para evitar una caída en la actividad económica.

Los países de todo el mundo que están reunidos en la capital de los Estados Unidos saben que luego de que pase la crisis financiera internacional, el ordenamiento geopolítico que hoy tiene en el centro al G-7 será diferente. Ya sea porque se agregarán más países dentro de ese selecto grupo o porque Norteamérica dejará de ser el centro de poder. Es un reordenamiento que se verá en el largo plazo, pero es lo que manifiestan –por fuera de las declaraciones protocolares– muchos de los funcionarios que asisten por estos días a la reunión anual del FMI. Países como Nigeria, Rusia, Brasil, India y China se encargaron de decirle al titular del Fondo que las cosas tienen que ser diferentes.

“El presidente Lula dijo en varias oportunidades que es momento de cambiar las cosas. Por el momento, el apoyo al plan de salvataje de los Estados Unidos es para ser flexibles y solucionar un tema de corto plazo. Por eso es necesario un cambio en la representación dentro del G-7. Hoy el G-20 no tiene capacidad numérica ni el mandato para llevar adelante la coordinación que piden los países desarrollados. Por eso Brasil está pidiendo que se llame a una reunión para hablar del cambio de representatividad”, señaló a este diario un funcionario brasileño con despacho en el Banco Mundial.

En las reuniones preparatorias para lo que fue el encuentro de ayer del G-20 con las principales autoridades del gobierno norteamericano en materia económica, otros países alzaron su voz, algo que no se vio reflejado en las declaraciones formales. Nigeria fue muy duro con Strauss-Kahn durante un encuentro realizado el viernes, en el que también participaron funcionarios argentinos. Básicamente, el país africano solicitó una reestructuración del régimen creado en Bretton Woods, ya que “el FMI demostró no poder controlar una crisis que nunca tendría que haber ocurrido”.

China también fue muy dura con las autoridades del Fondo. En concreto señalaron que si bien crecerán este año un poco menos que otros períodos (alrededor del 9 por ciento para 2008 y un 7 por ciento para el año siguiente) tienen la liquidez suficiente para enfrentar esta crisis. Un funcionario de la delegación argentina señaló a PáginaI12 que está en los planes de China reducir su nivel de exportaciones para concentrarse en el desarrollo de su mercado interno. Por ende, interpretaron desde la cartera que conduce Carlos Fernández, eso significará un mayor nivel de importaciones que podrían ser cubiertas con productos primarios de la Argentina.

Mientras se llevaban adelante estas discusiones, el titular del Foro de Estabilidad Financiera, Mario Draghi, elevó sus recomendaciones para sortear los desafíos de la crisis. En una conferencia realizada en un salón del edificio central del FMI, el funcionario adelantó que de ser necesario, se podría llegar a plantear una modificación de las normativas elaboradas en Basilea, que regulan la actividad de los bancos. “Pero por ahora, estamos abocados a que estas regulaciones funcionen en todos sus aspectos”, graficó Draghi.

–¿Por qué no funcionó el rescate anunciado por Bush? –preguntó PáginaI12.

–No estoy seguro de que no haya funcionado. Este es un proceso muy complejo que afecta incluso la psicología de los inversionistas. No es algo que se pueda cambiar de un día para el otro –respondió el funcionario.

A veinte cuadras del edificio del FMI se desarrolló un seminario para analizar el mercado de los seguros de riesgos. Participaron directivos del Deutsche Bank, Zurcí Financial Services y el Crédit Suisse. De alguna manera, uno podría inferir que sus comentarios y aseveraciones forman parte de eso que se llama “el pulso del mercado”. Jim Schiro, director de la compañía de seguros Zurich, indicó que “la intervención del gobierno no es la única solución y que el sector privado tiene que tomar medidas”. ¿Cuáles serán esas medidas? Schiro indicó que “como el riesgo viene de muchos lados, hay que hacer más eficiente el mercado. No porque lo diga Bush sino porque es nuestro rol en la sociedad”, se respondió a sí mismo.

Para los bancos y entidades financieras que participaron de ese seminario, la solución a esta crisis financiera llegará con “más mercado”. De alguna manera, eso es lo que “sienten” los popes del establishment que contribuyeron a la gran burbuja financiera que hoy está estallando, muy cerca de sus narices.

–Si la solución al problema está en el mercado, ¿por qué no solucionan primero todo lo que está mal en las Bolsas del mundo, por ejemplo cerrando los mercados por un mes? –se animó a preguntar una investigadora de la Universidad de Washington.

–Primero hay que estabilizar los mercados y eso no se hace cerrándolos. Luego, hay que restablecer la confianza, que es lo más difícil de lograr. Pero esto hay que solucionarlo dentro del mercado –respondió Schiro.

Cuando vuelvan a abrir los mercados el próximo lunes, el mundo presenciará cuán efectivas fueron las palabras y declaraciones de apoyo que se dieron mutuamente los representantes del G-7 y el G-20, aunque por lo bajo se criticaron duramente. Lo cierto es que luego de este encuentro en el FMI, Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, los países emergentes y el sudeste asiático moverán sus fichas para quedar mejor parados en el contexto geopolítico internacional. “Y los que jugarán más fuerte, son los que hoy tienen liquidez”, señaló a este diario un analista internacional.

Ahora la presión fue del Sur al Norte

Por Sebastián Premici

“Nuestra situación fiscal es mejor que la de otros países y contamos con variables macroeconómicas sólidas, lo que nos hace estar mejor parados frente a esta crisis internacional. Esto no quita que les pidamos a las principales potencias, como miembros del G-20, que se debe pasar a la acción inmediatamente”. Con estas palabras, el ministro de Economía de Argentina Carlos Fernández describió a PáginaI12 el clima que se vivió dentro del encuentro del Grupo de los 20 con las autoridades norteamericanas. Más temprano, durante la reunión del Comité Monetario y Financiero del FMI, Fernández señaló que “esta crisis fue producto de las debilidades de las políticas monetarias y los marcos regulatorios de las potencias económicas”.

Antes del encuentro del G-20, la delegación argentina participó de una reunión con el secretario del Tesoro, Henry Paulson, junto a funcionarios de Chile, Perú, México y Colombia, y de Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. La delegación argentina también participó del Comité Monetario y Financiero del FMI. En ese encuentro, el ministro Fernández planteó la necesidad de implementar acciones coordinadas por parte de los países avanzados para contener la crisis de confianza y solvencia que afecta a sus mercados financieros. “Para Argentina, esta crisis es el producto de las debilidades de las políticas monetarias y los marcos regulatorios de las potencias económicas, que generaron excesivos riesgos sistémicos y burbujas de activos en sus propios mercados”, señaló Fernández, con dureza, durante su presentación.

Al mismo tiempo, Argentina destacó la importancia de avanzar en la concertación de políticas entre los países industrializados y las naciones en desarrollo, para permitir que se sostenga la demanda agregada mundial y el crecimiento. “Resulta prioritario evitar una recesión mundial y el círculo vicioso asociado, lo que implica incrementar la demanda doméstica de los países con superávit externo. De esta manera, se podría compensar la fuerte desaceleración esperada en los países avanzados y se promovería un ajuste gradual y ordenado de las paridades cambiarias en el contexto de los desequilibrios externos mundiales”, indicó el ministro durante su presentación ante el Comité.

Los países de Latinoamérica están haciendo por estas horas evaluaciones similares sobre el contexto internacional. Por ejemplo, el ministro de Economía de Perú, Luis Valdivieso, señaló que lo importante en este momento es mantener el crecimiento económico local y de la región. “Nosotros tenemos un buen nivel de superávit fiscal (2,7 por ciento del PBI para este año) y un buen nivel de reservas, de 35.000 millones de dólares. Somos los afectados de esta crisis que comenzó en los países centrales y luego rebotó en los países en desarrollo”, indicó Valdivieso.

Siguiendo esta línea, Fernández argumentó que “el principio de responsabilidades diferenciadas será vital para reconducir este proceso, una posición bien diferente a la que ocupan las economías en vías de desarrollo, las cuales se verían perjudicadas indirectamente por la desaceleración mundial”.

La crisis financiera dejó al descubierto la incapacidad del FMI para garantizar la estabilidad mundial y su falta de supervisión efectiva a los países avanzados. Básicamente, los países del G-20 criticaron la estructura de gobierno del FMI. En este sentido, el ministro de Economía señaló durante su presentación ante el Comité Monetario y Financiero del Fondo que “hacen falta cambios sustantivos en la forma de implementar las funciones de supervisión y financiera de la institución. El FMI debe concentrar su atención en el seguimiento de los países avanzados e identificar sus vulnerabilidades y, al mismo tiempo, ampliar significativamente el acceso al financiamiento bajo un esquema sin las actuales condicionalidades que no se ajustan a la realidad económica y política de nuestros países”.

Por su parte, funcionarios chilenos solicitaron rapidez en los mecanismos de provisión de liquidez en los mercados, para asegurar que esos fondos lleguen a las pequeñas y medianas empresas. “Todos los países latinoamericanos compartimos la idea de que hay que abordar esta crisis con rapidez”, señalaron desde la delegación chilena.

El mensaje fue claro y unificado. Latinoamérica, si bien no es inmune a la crisis, está mejor parada que los países desarrollados. Y cuando tradicionalmente era el FMI el que exigía condiciones, ahora son los países en desarrollo los que presionan.